Según el Creacionismo, la exquisita perfección de la Naturaleza y en especial del tan impar Ser Humano, no permitiría albergar ninguna duda sobre que detrás de tan magna obra se esconde la inevitable e imperiosa necesidad de un Diseñador Inteligente que haya creado todas las maravillas que nuestros sentidos son capaces de percibir y que, por añadidura ha hecho que seamos reproducciones construidas a su imagen y semejanza.
No obstante por diversos motivos, tanto metafísicos como incluso hasta simplemente biológicos, se desconfía de lo atinado de esa teoría. Por dar solamente un pequeño ejemplo: con echar una mirada a nuestro alrededor podremos ver algunos exponentes antropológicos contemporáneos que nos harán dudar seriamente de la cordura de ese Creador, si eso es lo mejor que pudo hacer a su imagen y semejanza.
Pero hay un aspecto en especial, que nadie ha valorado en su justa medida hasta el momento y que, con total seguridad, pondrá más aún en entredicho la teoría en cuestión: el culo (el correspondiente al espécimen humano, para ser claro), y más específicamente, la malhadada ubicación de su agujero.
Detengámonos por un segundo para observar atentamente a nuestros animales de compañía, miremos con detenimiento las series de divulgación, los documentales que se emiten en la televisión, etc. ¿Alguien ha visto algún animal que se limpie el culo con papel higiénico o algún otro elemento ad hoc? Respuesta: No ¿Y por qué? Pues porque el Ser Humano, supremo eslabón de la Creación, hecho a imagen y semejanza del Misterioso Creador, está mal, qué digo mal: pésimamente diseñado: su culo es una chapuza irremediable.
Es obvio que un bien formado culo (que hay muchos), sea masculino o femenino, además de servir plenamente a los fines erótico-sexuales y reproductivos de la especie, es sumamente agradable de contemplar. Hay, por otra parte, una característica que compartimos con casi todos los animales que habitan la Tierra junto con nosotros: la forma de ejercer el sexo, que es predominantemente “a tergo” (por detrás). Pero precisamente ahí no se halla lo que nos diferencia de otras especies, como tampoco en lo concerniente a la excreción, que también se efectúa mayoritariamente por atrás.
Donde sí se patentiza dicha diferencia es en la ubicación del agujero de nuestro culo. Por ser bípedos que, a diferencia de los otros grandes simios, exclusivamente caminamos, nos es imprescindible contar con una musculatura glútea desarrollada que contribuya a sostener erecta la columna vertebral y nos permita llevar bien hacia atrás las extremidades inferiores, para dar pasos largos y correr, cosa que ellos no hacen. Y justamente aquí es donde aparecen los inconvenientes de la localización del mentado orificio, que queda delimitado hacia los laterales por dos promontorios musculares, los cachetes, o nalgas, que lo ocultan y lo relegan al fondo de un profundo valle, lleno además de pelos que son como una red que atrapa pequeños restos de materia fecal durante la evacuación. Es como si un arquitecto incompetente hubiera diseñado una puerta al fondo de un pasadizo que se fuera estrechando progresivamente, y además lo hubiera llenado de ramas en los laterales…¿se podría pasar por allí cómodamente?
Nótese, además, la diferencia entre los culos animales y el de nuestra especie: en ellos no existen cachetes ni pelos delante del orificio, y con una ligera postura en cuclillas (e incluso sin ella, como en caballos, vacas, etc.) la eliminación es simple y limpia. En nosotros, pese a la más profunda flexión de nuestras rodillas, los glúteos continúan cerrando en parte el trayecto de salida e interponiendo los pelos en el camino de las heces. En ese desafortunado hecho se fundamenta la necesidad de contar con una industria dedicada a la producción de papeles higiénicos, bidets, toallitas húmedas y otros diversos sistemas de limpieza, tanto más necesarios cuanto más obeso sea el humano en cuestión, para no hablar de la desgracia extra que representa el hecho de ser manco.
Llegados a éste punto no creo que deba abundar en más detalles, dada la simpleza y fácil comprensión de mi argumentación, aunque no por ello menos eficaz. Concluyo ésta breve exposición, con mi más ferviente deseo de haber sido útil y de haber podido contribuir a mejorar, ya sea para bien o para mal, la comprensión de la teoría Creacionista y su demostración por el principio del Creador Inteligente. Queda entonces formulada la incómoda pero imprescindible pregunta, que la biología nos reta a contestar con total honestidad: ¿Realmente puede decirse que es inteligente, y que es merecedor de nuestra confianza, un Creador que ha diseñado este adefesio funcional? La respuesta corre por cuenta de ustedes mismos.
lunes, 3 de noviembre de 2008
UN DISEÑO NO TAN INTELIGENTE
Etiquetas:
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1 comentarios:
Una entrada muy simpática.
Pero creo que nuestro ano está inteligentemente situado en su sitio, que resulta ser el mas correcto de todos.
Tal vez lo que está mal inventado es el inodoro, cuyo nombre común no hace honor a su nombre.
Sinembargo, el sanitario mas conocido como turco, ese provisto de dos hueyas y un agujero, es el aténtico sanitario.
Así pues creo que el ano está en su sitio, pero los occidentales no sabemos defecar.
Item mas, con anterioridad, se defecaba de memoria. es decir sin papel, a ser posible en la vera de los rios, que estaban dotado de cantos rodados, auténtico papel higénico reciclabe y reutilizable.
No pienso que el diseñador se equivocase, pues sería requisito de su existencia, sino mas bien, que hemos olvidado como defecar, por mor de Roca, y René Lafont.
Y tal vez los obesos se pensarían eso de engordar frente al ejercio diaro que supone un sanitario turco.
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