No puedo evitarlo: en el espejo y de forma ineluctable, cada mañana me encuentro con él, mi reflejo, mientras vuelvo a soñar en el mundo real y dejo atrás, muy lejos, la realidad de mis sueños sin acabar. ¿Quién eres, quién fuiste, quién serás? Me pregunta ese añejo remedo de mi mismo al que me cuesta reconocer como el joven que alguna vez fue, que alguna vez tuvo la piel tersa y tirante bajo los ojos; el que, inocente, tuvo el cutis lampiño, la mirada incierta y asombrada, y nítida la frente, limitada con firmeza por unos negros y recios cabellos de niño.
Repito la diaria rutina de repasar cada arruga para ver si está allí, donde la dejé anoche, o si por alguna desconocida magia se borró de mi rostro, aburrida; de mirar esa piel que no muda, que busca el suelo con determinación obstinada y suicida, para cumplir debidamente con la ley de gravedad; de comprobar que mi barba crece, lozana, al igual que los pelos de la nariz y las orejas; que las uñas raspan con saña esos puntos dispersos en la piel que se lo piden, vaya uno a saber por qué, en forma urgente cada mañana.
¿Quién eres? Creo, sin seguridad absoluta, que el que tengo delante, invertido, mirándome con detenimiento para corroborar si el vacilante guiño de mi ojo izquierdo es simultáneo al de el suyo derecho, si todo está en su lugar, si puedo decir que sigo vivo y alejado de los muertos.
¿Quién fuiste? ¿Acaso puedo responderlo? No lo sé. No sé si en mi selectiva y falaz memoria pesan más mis frecuentes fracasos o mis sorprendentes e inesperados éxitos. El que fui, más que notoria, es una forma vaga, una entelequia hecha de convenientes recuerdos y de acasos, expurgados de lo que alguna vez decidí olvidar. Esa memoria, limitada, es quien soy. Entonces ¿cómo confiar, si no sé lo que olvidé y olvidé lo que ya no recuerdo? Sospecho ser otro en esas extrañas e infrecuentes ocasiones en que nuevos recuerdos y vivencias jamás antes percibidas me asaltan a montones; estaban alli escondidas y latentes, esperando su momento para al fin manifestarse, y tener su lugar en mi presente eternamente.
¿Quién serás? Menuda pregunta. Ni siquiera puedo saber si seré algo en los próximos instantes. La vida, sin duda, pende de hilos finos y tirantes que se pueden romper sin desearlo y sin saberlo. Lo que valgo, poca cosa será cuando me muera, cuando al fin el olvido de los años gane la partida a la memoria de los deudos, y lo que fue mi fugaz vida pase a formar parte de los próximos desiertos.
viernes, 22 de agosto de 2008
EL ESPEJO
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