Cristina se arrodilló devotamente en el confesionario de la pequeña capilla a la que el padre Juan concurría cada quince días para administrar los sacramentos. Aguardó en silencio hasta que, tras un carraspeo, se abrió el ventanuco de separación y la conocida voz le dio la bienvenida con un "Ave María Purísima".
- Sin pecado concebida —respondió—. Perdóneme padre, porque he pecado.
- Buenas tardes hija; dime ¿de qué te acusas?
- Bueno, en fin, tampoco es para tanto…pero si se trata de acusarme, digamos que mi falta es nuevamente la duda.
- ¿Sobre qué tienes dudas específicamente, hija?
- Sobre varias cosas, padre —dijo.
- ¿Y cuáles son esas benditas dudas?
- En realidad son en parte mías y en parte de mi abuela, padre. Mire usted, ella de jovencita vivía en el campo con mi abuelo, y tuvo un hijo ¡legítimo por supuesto!, pero que murió al nacer. El caso es que, como la iglesia más cercana estaba a varios días de camino, el niño no pudo ser bautizado antes de enterrarlo.
- ¿Y…?
- Que ella siempre creyó que su hijo estaba en el Limbo, pero ahora no sabe qué pensar ¡Como el Papa ahora dice que el Limbo ya no existe más, la pobre está desorientada!
- Bueno hija, pero ahora ese niño estará extasiado en el cielo, gozando de la Divina presencia.
- ¿Ah, sí? Dígame entonces por qué no lo mandaron antes para ahí. Mi abuela vivió en un perpetuo sufrimiento, rezando todo el tiempo y dando montones de limosnas (que por cierto padre, alguien debería devolverle) para que el pobre angelito estuviera bien, aunque viviese en pecado original, y ahora resulta que por decreto ¡zás!: no más pecado original y lo mandan directo al cielo sin estampilla. Mire padre, entre nosotros y sin ánimo de ofender: a la abuela y a mi nos parece poco serio esto de ir por ahí cambiando estas cosas tan importantes así como así.
- Bueno, hija, pero de todos modos tu abuela ahora tiene una preocupación menos, y supongo que estará mucho más tranquila.
- No crea, hay otra cosa que la tiene mal.
- ¿Cuál?…dime, no te quedes con dudas.
- Lo del infierno; y en ésta también estamos confundidas las dos, porque yo no sé explicárselo bien.
- A ver, cómo es eso…
- Bien, voy a ir por partes. Si yo no entiendo mal, cuando Dios echó a Adán y Eva del Paraíso, el Diablo ya existía ¿no?
- Claro, si él fue el tentador, bajo la apariencia de la vil serpiente. No olvides que el demonio es un ángel caído en desgracia por haberse rebelado contra el Señor al principio de los tiempos, cuando aún no estaba creado el Hombre.
- Muy bien, por supuesto que lo recuerdo. Pero entonces ¿por qué Dios no los amenazó con mandarlos al Infierno, que ya existía en ese momento? ¿Qué castigo peor podría haber para esos dos desobedientes? Mire usted, en vez de eso los castigó con parir con dolor, con ganar el pan con el sudor de su frente y otras tonterías. Y esto lo leí yo misma en la Biblia, en el Antiguo Testamento ¿Acaso Dios no sabía que algún día el Hombre inventaría la cesárea con anestesia y toda la cantidad de máquinas que hay para hacer los trabajos pesados?...¡Mire qué castigo!
- Hija mía, Dios nos habla en metáforas y en símbolos; quizás no debas interpretar todo tan literalmente.
- ¿Ah, no? ¿Y qué me dice del nuevo Papa, el Benedicto ese, que ahora va en contra del de antes, el Juan Pablo? ¡El Bene dice que el Infierno es real, que existe y que además está ocupado!, o sea que, si yo no entiendo mal, en algún sitio debe haber fuego y gente gritando y llorando de verdad. Pero Juan Pablo, que Dios lo tenga en su gloria, decía que no, que no era un lugar, que era el eterno sufrimiento de no poder ver a Dios lo que atormentaba a los malos.
- Pero el Papa tiene razón , hija mía, y debemos creerle cuando…
- Espere padre, vamos despacio…¿Cuál de los dos tiene razón? Porque a mi me enseñaron de pequeñita que el Papa es infalible; pero entonces, dígame usted: si los dos dicen cosas distintas ¿a quién le creo yo?
- Pues al último, hija, que es el que actualmente interpreta y transmite la palabra de Dios.
- ¿Y el otro no la interpretaba bien?
- Bueno, no es esa exactamente la forma de verlo. No debemos dudar de todo lo que no comprendemos con nuestro limitado conocimiento…la Fe es una virtud que nos exige creer en misterios que no tienen demostración por medios humanos; mira por ejemplo la Santísima Trinidad, la Inmaculada Concepción…
- Pero padre, si el Papa me dice que el Infierno existe y que es un lugar real, donde hay gente condenada, yo creo que también debería informarnos adónde está ¿No le parece justo?
- Yo no lo sé, hija, pero si Benedicto lo dice, así será entonces, y no nos está permitido dudarlo.
- Pues bien, padre, mire lo que le digo: yo sé dónde está, y le doy mi permiso para que se lo cuente al Papa, por si el no lo sabe.
- ¿Cómo que lo sabes? ¿Y quién te lo ha dicho?
- Nadie, pero yo lo sé, porque pienso en esto todo el día. Estoy segura de que está en alguna de esas galaxias que hay por ahí ¿No vio la cantidad de estrellas que están explotando todo el tiempo? Bueno, ahí mismo ¿Se imagina algún otro lugar posible, con el calor y el fuego que debe haber en esos sitios? Al principio pensé en Mercurio, aquí al ladito, pero si con los telescopios nadie hasta ahora pudo ver gente torturada ni diablos, no acabo de verlo muy claro.
- Tendré muy en cuenta todo lo que me has dicho para mis sermones hija, y ten la seguridad de que se lo mencionaré al Santo Padre. Pero mientras tanto dime…¿estás haciendo correctamente tu tratamiento?
- Por supuesto padre; aquí en el Psiquiátrico no nos dejan pasar un solo día sin controlarnos ni darnos nuestros remedios. Pero afortunadamente también cuento con la palabra de Dios, que es un gran medicamento y que me sostiene en los malos momentos. Le aseguro que, aunque en ocasiones me cueste, cada día que pasa aprendo mejor a dejar de pensar por mí misma y a no dudar de la Iglesia. Puede que a veces, como hoy por ejemplo, tenga alguna recaída, pero verá como en poco tiempo lo consigo totalmente y estaré tan sana y cuerda como usted y mi querido Papa, ¡y a lo mejor hasta me hago monja!
viernes, 23 de mayo de 2008
PERDÓNEME PADRE (cuento breve)
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2 comentarios:
juá, buenísimo ...
encerrada de cuerpo y alma la pobre !
J.
Pronto te has rendido, Escribidor. Venga, vago, que a todos nos cuesta escribir, haz algo que ya vas tarde.
Un saludo.
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