lunes 14 de abril de 2008

SEDUCCIÓN (Relato breve)



Entró en nuestra vida gradualmente, de la mano de una familia vecina, pero en la mía lo hizo como un huracán. Pese a que era muy joven e inexperta, en un santiamén se convirtió en la mejor amiga de mis hijas. Crecieron juntas, fin de la infancia, adolescencia, juventud incipiente.

Muchas veces, sin que me vieran, me detuve a observarlas durante sus juegos. A veces ella me descubría, y debía hacer verdaderos esfuerzos para disimular y no venir corriendo hacia mi. Yo, de todos modos, jamás hubiera hecho nada para alentarla y arrebatarle su presencia a mis niñas, habría sido de mal gusto y fuente de gratuitos problemas.

La tierna, suave e interrogadora mirada de sus ojos pardos, cuando los fijaba en los míos, conseguía casi hipnotizarme: hacía de mí lo que quería. Cuando se acercaba y apoyaba con delicadeza su cálido cuerpo contra el mío, me resultaba imposible negarle nada, resultaba evidente que yo era su favorito indiscutible.

Jamás pude resistirme a acariciar, tierna y dulcemente, su pelo pardo con reflejos dorados, lleno de ondas en las que mis dedos se enredaban, juguetones. Bajo mi mano, muchas veces percibí el suave temblor de excitación que la recorría cuando se dejaba tocar dócilmente.

Toda la familia coincidió siempre en que la nuestra era una relación perfecta, y finalmente yo también lo acepté, algo a regañadientes, ya que dicho reconocimiento implicaba numerosas obligaciones. Ahora que ya tiene casi tres años, es evidente que mi perra Loli, una cocker hermosa, ha logrado amaestrarme (y amaestrarnos) a su entera voluntad. Lo único que me queda es obedecer a sus dictados de canina majestad con alegría y la mejor de mis sonrisas. Vale la pena.